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Educación

Convivencia


El cine como herramienta para apreciar la diversidad del ser humano
Convivencia

Educar en la democracia y la convivencia es sin duda una de las misiones de nuestro sistema educativo. Y, entre las herramientas que pueden utilizarse para lograrlo, el cine es visto por muchos como un medio atractivo, de fácil acceso, capaz de suscitar el debate y la reflexión, al tiempo que tiene un fuerte impacto emocional. Pero, ¿cómo se puede utilizar una herramienta así, sobre todo en las escuelas? ¿Qué película elegir? ¿Qué debemos aprender exactamente de ella? ¿Qué aspectos concretos deben explorarse? ¿Y cómo podemos dirigir un debate constructivo sobre este tema sin caer en un “diálogo de sordos”? Por último, ¿qué lugar específico debe concederse al cine cuando se aborda un tema más amplio como la “convivencia”?

Antes de considerar el uso específico del cine en el contexto escolar, es importante subrayar la diferencia entre enseñanza y educación. El objetivo general de la enseñanza es impartir una amplia gama de conocimientos a los estudiantes y ayudarles a adquirir diferentes habilidades cognitivas. La educación, por el contrario, tiene un objetivo más amplio y pretende generar y consolidar valores, creencias, actitudes y, en última instancia, comportamientos.

La educación para la democracia y la “convivencia” no es una excepción a esta premisa. Los valores democráticos son sin duda universales, pero eso no basta para garantizar que sean compartidos por todos, como demuestra ampliamente la historia del siglo XX con las tentaciones totalitarias (nazismo, fascismo, comunismo) que se ejercieron sobre amplios sectores de la opinión pública. El racismo, el fanatismo y el extremismo pueden ejercer una fuerte fascinación en la mente de las personas por razones que a menudo están profundamente arraigadas (sentimientos de frustración y humillación, deseo de poder y venganza, deseo de destacar, de afirmarse) y que una acción educativa limitada a un debate de una o dos horas difícilmente puede explicar y menos aún modificar.

Teniendo en cuenta esto: ¿Qué papel puede desempeñar el cine? ¿Qué papel debe darse al visionado de una película que trate, directa o indirectamente, el tema de la “convivencia”? ¿Tiene el cine una finalidad educativa? ¿Puede utilizarse de este modo sin desvirtuar su verdadera naturaleza? En primer lugar, aunque parezca una obviedad, hay que señalar que el cine no sirve para dar lecciones ni para hacer la moral. No sirve para dar buenos ejemplos ni para condenar “malas ideas” o “malos comportamientos”. Si una película muestra cosas -admirables o escandalosas, apreciables o repugnantes- no lo hace de forma discursiva, planteando preguntas al público y dejándole siempre margen para la interpretación. Desde una perspectiva educativa, el cine debe considerarse un espacio de diálogo con los espectadores.

Si hay un consejo que podemos dar a la hora de elegir películas con fines educativos, es dar preferencia a las películas cuya ambición sea ante todo retratar a individuos, personas o personajes, en su singularidad, complejidad, ambivalencia y contradicciones, precisamente en lo que les distingue de otros individuos. E intentar compartir la experiencia de este individuo, a la vez singular y complejo, con espectadores que no tienen por qué parecerse a él, que son y sienten diferentes a él, pero que pueden compartir con él, durante una o dos horas de proyección, ideas, sentimientos, emociones, situaciones y conflictos, por muy remotos que parezcan a primera vista.

Te invitamos entonces a ver el ciclo de este mes llamado Diferente(s), que pone el acento precisamente en la maravillosa complejidad y diversidad del ser humano, y su(s) condicion(es).

En el siguiente enlace también podrás encontrar una lista de películas para reflexionar y hablar de diversidad. Ver enlace

 

 

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